Había una vez...

En días como estos en que los obituarios se llenan de muertes de personajes más o menos ilustres pueden pasar desapercibidas las ausencias de otras figuras que con menos ruido nos han dejado también. Y si uno encuentra tiempo para dejarse enredar en los hilos de las redes sociales y en los entresijos de las páginas que habitualmente consulta, se puede llevar sorpresas que no esperaba. Como encontrar vidas de superación que bien podrían ser el guión de una película. Es el caso de la mujer de esta foto. Se llamaba Marina.

El titular del artículo me atrajo de  golpe la atención: ” La artillera del hombre bala”. Y es que, de clase acomodada con 20 años y por amor a un malabarista, esta mujer dejó su vida burguesa en Igualada, para sobrevivir en primer lugar y como tantos otros, a las penurias de la guerra civil con un marido preso en un campo de concentración y más tarde a los avatares de la vida que cada uno elige llevar, en su caso la  que ella eligió fue la del circo. Se convirtió en la primera mujer bala, animó a su marido a salir del país y volar con sus trastos circenses en pequeños artefactos que no podían siquiera denominarse avionetas, para llegar a destinos que pocos españoles de su época podrían haber señalado con el dedo en un mapa mundi. En lugares como Madagascar, Las Antillas ofrecían su espectáculo, mientras se convertía en madre, por cuatro veces y enseñaba a sus hijos a leer y a escribir en los carromatos. Vieron cómo los animales del circo morían por el frío de Japón, cómo un tifón arrasaba su circo en China. Y llegó el peor momento cuando su marido, hombre bala igualmente, se partió la columna en un espectáculo. De todos esos avatares sus hijos hacen un breve resumen: ·”mi madre nos cuidó como una loba a su manada”. Su  vida reúne muchos más momentos de superación y lucha, pero he querido reflejar sólo algunos de ellos.

Con permiso de la gran Pilar Jericó y recordando su libro ” Héroes cotidianos” al leer la vida de esta barcelonesa fallecida días pasados con 93 años, he pensado una vez más en que, sin darnos cuenta estamos continuamente rodeados de gente con una gran fortaleza, con la capacidad suficiente de regenerarse y de tomar las riendas de la vida bajo el impulso de  una fuerza viva que cada uno encuentra en su interior. Que cada uno debe encontrar en su interior. Porque eso es lo que nos hace ser sobrevivientes. En el caso de Marina, dicen que su luz fue el amor, el amor a su marido y luego a sus hijos.  En una época como la actual, de crisis, de necesidad y de pesimismo, en que la oscuridad atenaza de manera continua a la luz, es cuando más se hace necesario que busquemos qué es lo que nos ilumina interiormente a seguir con nuestros objetivos y que lo tengamos siempre presente para que en definitiva se nos haga más fácil y hasta atrayente pasear por los caminos de la vida.

Nota./Imagen Circo Raluy.

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Había una vez…

4 comentarios en “Había una vez…

  1. Una vida apasionante y nada convencional en aquella época…lo que me llama aun mas la atencion…
    no tuvo que ser nada facil..
    Me alegro que por lo menos haya quién rescate a estos héroes del anonimate…y se les reconozca su valia, y su enorme afan de superacion.

    Todos debemos de aferrarnos a aquello que nos recarga y motiva…
    y luz mas fuerte que el amor no hay ninguna.

  2. Fantástica historia. Parece sacada de un guión de película. El caso es que me recuerda que la realidad casi siempre supera a la ficción. Heroína anónima, pero con una estela superior a la de muchas estrellas.

  3. Pingback: Historia de la primera mujer bala | Doce Miradas

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